El mecánico

Muchas veces no vemos la realidad, tal vez sea porque estamos estoy empeñados en lidiar con MI familia, MIS problemas, MI tiempo, MI casa, MI futuro…

Dejemos que el Dueño de la familia, la vida, el tiempo, sea quien nos muestre nuestra realidad de pecado sin tapujos no para denunciarnos sino para mostrarnos su rostro misericordioso.

Dejémonos ayudar por Dios, autor de la vida. Él es el mejor «mecánico» que está siempre disponible para cuando nos quedemos tirados en la carretera; cuando nos falle el dinero, los afectos, los ídolos del mundo…

Sólo en Él podremos encontrar el sentido para todo esto; si no la solución a nuestros problemas, sí el perdón de nuestros pecados, y por lo tanto la paz y el Espíritu Santo que nos permiten vivir con fortaleza los avatares que Él mismo permite para que veamos su Gloria.

Para experimentar esto tenemos siempre en nuestras manos la oportunidad de volver al camino correcto, una oportunidad única para convertir nuestro corazón a Dios.

El mecánico, reflexiónEl mecánico, reflexión sobre dejarnos ayudar por Dios

Iba un hombre por una carretera solitaria conduciendo su coche, cuando de pronto comenzó a escuchar un ruido extraño, proveniente del motor, como si se estuviera apagando.

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El acelerador pareció no responder, y con un suave humo que venía desde el capó, la máquina se fue deteniendo poco a poco. Fue desacelerando, parecía casi apagado, y finalmente… se paró en la carretera.

Estupefacto, el hombre bajó del coche, revisó el motor, las ruedas… Estaba convencido de que, después de tantos años conduciéndolo, podría averiguar el fallo rápidamente, pero comenzó a frustrarse al ver que no conseguía saber qué había pasado.

Entonces otro automóvil hizo aparición en el inhóspito paraje, conducido por un señor que paró al lado del coche averiado:

– Parece que se ha estropeado su coche…, ¿querría que le ayudase a arreglarlo?

Molesto, el dueño del primer automóvil, repuso:

– Muy amable, pero llevo conduciendo este coche toda mi vida. Lo conozco como la palma de mi mano, y no creo que tú sepas ni puedas hacer algo, si yo mismo no he sido capaz.

Sonriendo, el hombre que acababa de llegar insistió, hasta que el otro cedió incrédulo, pues si él no lo había conseguido con su propio coche, ¿cómo lo iba a conseguir el otro?

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Manos a la obra, el extraño abrió el capó del coche, revisó el motor y en apenas unos minutos ya había reparado el daño del vehículo y pudo arrancar el coche.

Atónito, el propietario del coche preguntó:

– ¿Cómo pudiste saber cuál era el problema y arreglarlo si es mi coche?

El segundo hombre contestó:

-Verás, mi nombre es Felix Wankel… Yo inventé el motor rotativo que usa tu automóvil.


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